Recorren el mundo vientos de inestabilidad, por la guerra, la desigualdad económica y social, en los países desarrollados y los que no lo son. En los países que se consideran con mayor desarrollo cultural y político. En los que tienen gobierno de derecha, de centro o de izquierda. En nuestro continente en especial se siente el viento gris y la sensación de caos en el diario vivir.


Los levantamientos ( o manifestaciones) para desconocer el resultado de las elecciones (USA, Brasil), para exigir el cambio de gobiernos elegidos o la reacción a los malos gobiernos, se han convertido en una ola, que se extiende por todos los territorios, vuelvo a insistir ante gobiernos de derecha y de izquierda. Es la comunidad la que no se siente a gusto con el modelo “democrático”, o simplemente que ya no cree en la transparencia del mismo y demuestra su inconformidad.
Pero ello ayudado por azuce de lideres y actores en ocasiones irresponsables o populistas, hacen que se convierta en un acto de emoción la decisión política y la actuación del ciudadano. Ya se sabe que desde siglos atrás se condena a quien usando la pasión del ser humano lo invita a cometer actos de barbarie y daño social. Además, se debe decir que no se entiende como cuando unos se manifiestan pasionalmente y causan daños se exige su liberación inmediata como en el caso colombiano y en otros lares como en Brasil por menores daño mas de 142 detenidas por el gobierno.
Pero de lo que se trata esta recensión es de ver las implicaciones de esta realidad global con el tema nacional. Pasamos de unas elecciones reñidas donde al parecer no se han restañado las heridas, a hablar de un verdadero cambio para mejor estar de los colombianos, pero nos encontramos con una inflación y guerra que nos impacta en la alimentación y la actividad de ingresos para quienes viven en este territorio.
Lo que tenemos hoy con la buena intención del gobierno es un país donde actores armados, o civiles, parece manejan a su antojo cada milímetro de tierra y se han convertido en dueños de la razón dialécticamente o por la fuerza. Nos estamos dividiendo y perdiendo la unidad nacional, al menos en lo que quiere la provincia y lo que pretende el centro. Y peor aún, las comunidades mas alejadas de su dirigencia. Y es tal este síndrome que desde sectores del gobierno invitan a que los proyectos de ley no se debatan en el congreso, sino en la calle, clara demostración de ilegitimidad para la rama legislativa del poder púbico.
Nubes grises se ven en lontananza en unas convocatorias a discutir lo que no se conoce aún. Por dar un ejemplo, en la decana de nuestras libertades, Francia, la gente a salido a protestar por la reforma al régimen de pensiones al aumentar la edad, ¿aquí donde el derecho es universal adquirido cuando los ciudadanos siquiera sospechen que el Estado podrá usar los recursos guardados para ello en algo diferente a asegurar su pago que harán?
Mesura en la acción y la reacción, prudencia y madures en las discusiones está necesitando un país con muchas falencias y enfrentado a innumerables retos en esta recesión, y donde debemos construir la paz y la hermandad que nos permita seguir siendo la primera democracia de esta parte del mundo.

LUIS JANIL AVENDAÑO H.
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